Alfajores.


- ¡Nueve con sesentaicinco! ¡Están locos! ¡Locos! ¡Locos! – protestó Eliseo.
- Y bueno... – contestó Eliseo.
- ¡Nononono, no lo puedo creer, son unos ladrones! – Eliseo estaba fuera de sí.
- Es la inflación, no hay nada que hacerle... – Eliseo intentó calmarlo sin ningún resultado.
- ¡¿Nueve pesos por seis alfajores?! ¡Ni mamado! – refunfuñó Eliseo.
- Pero es para los chicos... – Eliseo ya no sabía como calmar a Eliseo.
- ¡Que los pendejos éstos coman otra cosa! ¡Mirá! ¡Que coman esto que es más barato!
- Es jabón en polvo, Eliseo... – le respondió sorprendido Eliseo.
- ¡¿Y?! ¡¿A mí qué me importa que sea jabón en polvo?! ¡Que lo coman! – bramó Eliseo, sacado.
- Pero qu... – intentó decir Eliseo antes que Eliseo lo interrumpiera.
- ¡¿Que qué?! ¡Van a comer lo que yo diga, carajo! ¡Agarrá la bolsa esa y vamos! – Eliseo dejó los alfajores y tomó una bolsa de 3 kg. Eliseo estaba loco.

Medialunas.


Domingo, 17 PM. Casa de los Aguilar.
- Mario, porqué no te traés las medialunas que compramos y merendamos acá afuera, al solcito?
- Dale, ahí las llevo.... Mi amor, no encuentro las medialunas.
- Tienen que estar por ahí, arriba de la heladera fijate.
- No están. Habrán quedado en el baúl?
- No creo... pará, las agarramos al final? Vos las tenías, pero no me acuerdo de haberlas pagado en la caja.
- Si... yo las tenía... pero... ah.

Domingo, 11 AM. Supermercado.
- Mi amor, voy yendo a buscar leche. Llevá las medialunas al chango y venite para los lácteos.
- Ok, ok, dale. Ah, mirá, amor. Una mesa de ping pong. Tá linda, no? Mi amor? Sonia? Amor? Bue... andá, si total.... a ver esto... Saca McEnroe, y ace! Yeeaahh... la multitud lo ovaciona... Eahahhh... Es el nuevo campeón de Roland Garrós!
- Y, Mario??? No tengo todo el día.
- Si, si, ahí voy............ pelotuda.

Choclo y Lentejas.


Esposa: Ay, yo siempre me pregunté si la pasarán bien los choclos adentro de la lata.
Esposo: Qué?
Esposa: Sí, para mí no son felices. Felices eran en el campo, con el viento rozando cada grano, con el sol dorando sus pieles.
Esposo: Ah... si... a qué le diste hoy, al gin o al moscato?
Esposa: Sos un insensible, Miguel.
Miguel: Ah, ésta sí que estuvo buena. Soy insensible porque no ando pensando en cómo carajo la pasan las lentejas en la lata? Haceme el favor, haceme. Dale, Inés.
Inés: Sí, y por esas cosas tu hijo te odia. Sí, te lo dije.
Miguel: Bueno, bueno, bueno, el gato sacó las uñas. Vos te ponés a pensar mucho en los choclos y toda esa mierda, pero después bien que te los comés en la humita que tanto te gusta.
Inés: Bueno, es que la humita me puede.... Pero sabés qué? A partir de hoy, dejo la humita. Tomá para vos. Es más, dejo todas las verduras, todas las legumbres, todo. Sólo voy a comer carne.
Miguel: Hay que escuchar pelotudeces en esta vida... Una carnívora. Bueno, qué hacemos con estas latas entonces?
Inés: Busquémosles un lugar feliz para que vivan.
Miguel: Un lugar feliz, un lugar feliz. Y dónde mierda vamos a encontrar un lugar feliz en este supermercado del orto?
Chuavechito: Hola.
Miguel: Che, me parece que el jabón en polvo habló.
Inés: Y yo soy la que está en pedo, no? Mirá si va a hablar.
Chuavechito: Hola. Acá va a ser feliz el choclo. Las lentejas también son bienvenidas.
Miguel: Inés, sabés qué? Creo que acá van a ser felices las latas. Dame, dejémoslas acá.
Chuavechito: Gracias. Chau Miguel.
Chuavechito 2: Uhh, bien ahí Chuavechito, pegamos morfi. Abrí las latas esas que tengo más hambre que el Chavo africano.

Autito.


Sintió un olor extraño. Conocido pero desconocido. Olor a chivo. Poco por ahora. Levantó su brazo para oler bien y al bajarlo pasó la mano por ese espacio debajo de la nariz y arriba de la boca donde antes no había nada. Sintió pelitos. Suaves, tímidos, tiernos, pero pelitos. Una duda recorrió su mente. Bajó la mano. Un poco, otro poco, disimuladamente. Luchó un poco contra el cinturón y escabulló sus dedos entre sus partes. Investigó detenidamente y consiguió la última prueba que necesitaba. También allí se habían hecho presentes los vellos. Sacó la mano, la olió con descaro y miró su otra mano. Pensó que todo había cambiado. Los años no pasan en vano. Finalmente, bajó la cabeza, dijo adiós a su niñez y al levantarla dijo hola a la adolescencia.

Espinaca.














Lucas: (susurrando) Tomá, tomá, tené esto.
Pablo: ¿Una bolsa de espinaca? ¿Para qué me das esto?
Lucas: Shhh... disimulá, hacé como que la estás revisando. No, no, no me mires a mí, mirá la bolsa.
Pablo: (sorprendido) ¿Qué tiene? No sé qué querés que haga.
Lucas: (mirando para los costados) Tengo un plan.
Pablo: ¿Un plan? ¿Qué plan?
Lucas: Está todo pensado, quedate tranquilo vos. Llevo meses planeando todo. Vos quedate ahí y hace como que no pasa nada.
Pablo: (enojado) Y si no pasa nada, estoy como un tarado con una bolsa de verdura enfrente de la alarma de incendios.
Lucas: ¡Ahora! ¡Corré!. (aprieta la alarma y sale corriendo)
(se escucha la alarma) RIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIINNNNNNNGGGG!!!!!
Pablo: (resignado, en voz baja) Qué pelotudo que es.

Papitas.

















Una vez más, el hombre se enfrenta a la pregunta que lo ha desvelado por años y años. Una pregunta que todos nos hemos hecho alguna vez. Una pregunta que ha desatado los debates más grandes de los tiempos modernos. Una pregunta que surge casi diariamente en el corazón y la mente de todos los seres pensantes. Y esa pregunta vuelve a repetirse hoy una vez más: ¿dulce o salado?

Azúcar y Nesquik.














De vez en cuando, cuando no hay nadie vigilando, el “Conejo” y Ledesma se hacen una escapada a lo del “Gaucho”. Hablan un rato, se distienden. El “Gaucho” se cuenta alguna que otra anécdota de sus días en el campo y el “conejo” y Ledesma escuchan con atención. Inevitablemente, en la charla, casi siempre, sale el tema del futuro. A los tres los asusta mucho el porvenir. Por eso aprovechan ahora. Saben muy bien que algún día se van a separar, cada uno seguirá su camino y nunca volverán a verse.

Royal Cif Ala.














C.A.: No. Sin mis Tostadas Sin Sal Agregada no voy a ninguna parte.
B: Pero Carlos Alberto, no nos alcanza.
C.A.: De aquí no me moveré hasta que llevemos mis 7 paquetes de Tostadas Sin Sal Agregada.
B: Pero... tendremos que dejar cosas en el camino.
C.A: Deja lo que tengas que dejar.
B: Maldito seas Carlos Alberto. Maldito seas tú y tus Tostadas Sin Sal Agregada.

Pincel.














De repente, Josefina notó que algo raro pasaba. No todo era calma ese domingo. Lo que parecía una tranquila salida dominguera se vio de pronto interrumpida por la sorpresa que la invadió. Luego de unos momentos de estupor, pudo pronunciar unas pocas palabras. “¿Quién carajo puso este pincelito en el chango?"

Caramelos.














- Marianela, no.

Marianela, te dije que no.
No, no, no.
No, Marianela.
Marianela, la reconcha de tu madre, te dije que no!

Baguette.













Tincho: Si... hacemos unos sanguchitos... ahora agarramos un poco de queso, un poco de salame, o panceta, algo copado.
Javi: Puede ser...
Tincho: Si, vamos al parque, hacemos tipo picnic.
Javi: Si... Uh, mirá, cerveza.
Tincho: A la mierda el sanguich.

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